SOBRE LOS PENSAMIENTOS DESDE LA SABIDURÍA DE LOS PADRES DEL DESIERTO

La especialista en los Padres del Desierto Margaret Funk en su libro Thoughts Matter: The Practice of the Spiritual Life, trata sobre las enseñanzas de los primeros ermitaños del desierto cristiano, de las cuales podemos aprender cómo estos primeros ascetas alcanzaron la relación mística con Dios en esta vida. Estos hombres y mujeres buscaron seria y dignamente dar respuesta a su Deseo más profundo: Dios.

Los que buscan seriamente, indica M. Funk, deben entrenar sus mentes para mantener sus metas siempre al frente de su mente consciente, dicho entrenamiento requiere práctica, requiere ascesis, requiere un ejercicio continuo de renuncia, fidelidad y paciencia. La Hna. Funk nos comparte, al respecto, una idea central sobre el monacato occidental, cuyo objetivo primordial es preparar a la persona para la vida interior y trabajar sobre los pensamientos: sólo cuando me di cuenta del poder de los pensamientos, pude renunciar a ellos y escuché la voz suave de Dios en lo profundo de mi interior.

La tradición del desierto en el Cristianismo primitivo que duró sólo doscientos años, del 250 al 450 de la Era Cristiana, llevó a muchos hombres y mujeres a abandonar el mundo, a abandonarlo todo, a sumergirse en la quietud del desierto austero. Lo más interesante es que no encontraron, inmeditamente, en dicho desierto y soledad, el paraíso y la paz que buscaban, sino que en un primer momento, solamente descubrieron y experimentaron emociones crudas, emociones primitivas, y después de un arduo trabajo de purificación de sus mentes y de sus cuerpos lograron la ansiada “apatheia”, la calma y la paz en Dios. NO BASTA CON RENUNCIAR EXTERIORMENTE, hace falta, nos dice la Margaret F., una segunda renunciación: la renuncia a nuestros apegos mentales, y la liberación de nuestros condicionamientos culturales, religiosos, psicológicos. 

San Antonio Abad, uno de los primeros ermitaños comprendió que los pensamientos (logismoi) tenían importancia, comenzó a entrenarse a sí mismo para OBSERVAR sus pensamientos, EXPONIÉNDOLOS EN VEZ DE RESISTIRLOS. Muchos años antes de Antonio los ermitaños habían descubierto que en el silencio de sus corazones se representaban grupos de temas que se repetían una y otra vez: eran los pensamientos sobre la comida, el sexo, las cosas, la ira, la tristeza, la acedia, la vanagloria y el orgullo. Los pensamientos, dicen los Padres del Desierto, brotan en la mente, pero nosotros no somos nuestros pensamientos, sino que estos son impermanentes, van y vienen, sólo que nosotros, mentes no educadas, nos enganchamos a ellos, creando sufrimiento y desdicha. Todos aquellos pensamientos que vienen acompañados, “sobre los que se piensa”, se convierten en deseos.

La práctica principal que nos lleva a conocer nuestros pensamientos y a renunciarlos es el SILENCIO. EL SILENCIO NOS ENSEÑA TODO. No sólo debemos renunciar a las cosas exteriores cuando van en detrimento de nuestra vida interior, sino que además debemos renunciar a nuestros pensamientos, es decir no engancharnos a ellos. Debemos por consiguiente aprender el silencio que se convierte en una perfecta calma, y que nos permite renunciar a la tiranía de los pensamientos inválidos.

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