LA CIENCIA DE LA MEDITACIÓN: LA MÍSTICA Y LOS ESTADOS ALTERADOS DE CONSCIENCIA

En esta entrada me gustaría tratar muy brevemente el argumento de la meditación como ciencia siguiendo un capítulo del libro La música callada, la ciencia de la meditación de William Johnston. En el capítulo dos de dicho libro el autor comienza llamando la atención sobre el interés que en los últimos años el “movimiento meditacional”, como él lo llama, ha suscitado en los científicos, en especial los “estados alterados de consciencia”. A principios del siglo pasado, William James observó que nuestra consciencia normal, en estado de vigilia es tan sólo un tipo especial de consciencia, lo que nos indica que dentro de la mente humana hay muchos mundos sin clasificar y sin conocer. Según William Johnston dicho interés preludia (o anunciaba, pues el libro fue escrito en 1974) el comienzo de una nueva ciencia: la ciencia de la consciencia, de la expansión de la mente, del ensanchamiento de la consciencia.

Más adelante el autor en dicho libro trata sobre el tema de la meditación, particularmente sobre la meditación de los místicos que hace siglos experimentaron estados de consciencia alterados (altered states of consciousness), y añade, que TODA MEDITACIÓN CUANDO ES PROFUNDA PRODUCE CAMBIOS EN LA ACTIVIDAD ELÉCTRICA DEL CEREBRO, UNIENDO MÁS ENTRECHAMENTE LA PARTE CONSCIENTE E INCOSCIENTE DE LA MENTE: La mente consciente “penetra” en la inconsciente, quedando ésta abierta a la recepción de mensajes y a la iluminación desde la oscuridad y las profundidades subliminales del propio yo, dentro de un proceso análogo, y al mismo tiempo diferente a lo que es el sueño.  Los investigadores al respecto admiten (ya desde 1964) su ignorancia acerca de la mente humana, careciendo incluso de un vocabulario técnico. Cabe señalar al respecto que en sánscrito hay más de veinte palabras para expresar el concepto que nosotros, de una manera general e imprecisa, llamamos mente o espíritu.

El autor de La música callada nos advierte que lo que la ciencia de la psicofisiología de la consciencia ha llamado estados alterados de consciencia (altered states of consciousness), en realidad son los estados normales a los que todo ser humano debería llegar para completar su proceso de hominización, o “llegar a ser realmente lo que está llamado a ser”, según mi opinión. Los científicos deberían, como ya lo están haciendo, estudiar los grandes sistemas espirituales y adentrarse en el mundo de los Upanishads; los Sutras; la Biblia; los Padres de la Desierto, en especial Juan Casiano y Evagrio Póntico; La nube del no saber (anónimo del siglo XIV); el Sufismo, teniendo claro, consecuentemente, que la religión ha de seguir siendo religiosa y la ciencia científica, pues sólo entonces podrá haber un verdadero diálogo, una participación y progreso auténticos.

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ANSELMO DE CANTERBURY: “NO BUSCO ENTENDER PARA CREER, SINO QUE CREO PARA ENTENDER”

Miniatura que representa a San Anselmo

Anselmo de Canterbury, quien fue una de las personalidades más eminentes de la Edad Media supo armonizar toda su vida gracias a una profunda experiencia mística que guió siempre su pensamiento y su acción.

Nació en 1033 (o a principios de 1034) en Aosta, primogénito de una familia noble. (Véase al respeto: Eadmero, Vita S. Anselmi). Bajo la guía de Lanfranco de Pavía, prior de la abadía benedictina de Bec, Anselmo retomó con vigor sus estudios y en poco tiempo se convirtió no sólo en el alumno predilecto, sino también en el confidente del maestro. A la edad de 27 años entró en la Orden monástica. Cuando en 1063 Lanfranco se convirtió en abad de Caen, Anselmo, que sólo llevaba tres años de vida monástica, fue nombrado prior del monasterio de Bec y maestro de la escuela claustral, mostrando dotes de refinado educador. No le gustaban los métodos autoritarios; comparaba a los jóvenes con pequeñas plantas que se desarrollan mejor si no se las encierra en un invernadero, y les concedía una “sana” libertad. Era muy exigente consigo mismo y con los demás en la observancia monástica, pero en lugar de imponer la disciplina se esforzaba por hacer que la siguieran con la persuasión. A la muerte de Lanfranco, fue elegido para sucederle en la sede arzobispal de Canterbury. Recibió la solemne consagración episcopal en diciembre de 1093.

Este maestro espiritual, que tanta admiración suscitaba a su alrededor, dondequiera que se dirigiera, dedicó los últimos años de su vida sobre todo a la formación moral del clero y a la investigación intelectual sobre temas teológicos. Murió el 21 de abril de 1109.

“Dios, te lo ruego, quiero conocerte, quiero amarte y poder gozar de ti. Y si en esta vida no soy capaz de ello plenamente, que al menos cada día progrese hasta que llegue a la plenitud” (Proslogion, cap. 14). Esta oración permite comprender el alma mística de este gran maestro de la época medieval, al que la tradición cristiana ha dado el título de “Doctor magnífico”, porque cultivó un intenso deseo de profundizar en los misterios divinos, plenamente consciente de que el camino de búsqueda de Dios nunca se termina, al menos en esta tierra.

La claridad y el rigor lógico de su pensamiento tuvieron siempre como objetivo “elevar la mente a la contemplación de Dios” (ib., Proemium). Afirma claramente que quien quiere hacer teología no puede contar sólo con su inteligencia, sino que debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe. Al respecto, para una sana investigación teológica y para quien quiera profundizar en las verdades de la fe, siguen siendo muy útiles también hoy sus célebres palabras: “No pretendo, Señor, penetrar en tu profundidad, porque no puedo ni siquiera de lejos confrontar con ella mi intelecto; pero deseo entender, al menos hasta cierto punto, tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco entender para creer, sino que creo para entender”.

Síntesis de una audiencia papal del mes de septiembre de 2009

MENTE ZEN, MENTE DE PRINCIPIANTE VI

Contempla lo simple, lo eterno, lo callado…

Para el Maestro Susuki la práctica Zen es la expresión directa de nuestra verdadera naturaleza. Durante la práctica, podríamos pensar que estamos haciendo algo especial, en realidad, dice Susuki, no lo es, la práctica es simplemente la expresión de la verdadera naturaleza: es la actividad que aplaca el deseo más íntimo. NO PRACTICAMOS ZAZEN EN ARAS DE ALGO! Cuando no hay idea alguna de provecho entonces se hace algo: cuando se sigue esta práctica todos los días se logra un poder maravilloso, antes de “lograrlo”, pero después de “lograrlo”, no es nada especial. Es simplemente “uno mismo”, nada especial. Cuando expresamos nuestra verdadera naturaleza somos seres humanos, cuando no, no sabemos qué somos. TODO LO QUE NO ES LA NATURALEZA DE BUDA NO ES MÁS QUE UNA ILUSIÓN (Sólo pueden comprender esto los que hayan alcanzado la iluminación).

INVITACIÓN

EL DÍA 29 DE SEPTIEMBRE EN LA ABADÍA SAN JOSÉ, VALENCIA, VENEZUELA, ESTAREMOS PROFUNDIZANDO, A TRAVÉS DE ALGUNAS CHARLAS LA VIDA Y OBRA DE HILDEGARDA DE BINGEN, MONJA BENEDICTINA DEL SIGLO XII, QUIEN FUE POETISA, MÍSTICA, PROFETISA, COMPOSITORA, HERBOLARIA, Y UNA MUJER MUY INFLUYENTE EN SU ÉPOCA:

LA INFORMACIÓN PARA PARTICIPAR ESTÁ ADJUNTA EN EL SIGUIENTE LINK: Hildegarda

MENTE ZEN, MENTE DE PRINCIPIANTE V

Reverencia después del Zazen

Después de la meditación, el maestro Susuki, nos indica que debemos hacer nueve reverencias inclinando la frente hasta el suelo: la explicación que el maestro da a las inclinaciones, siguiendo su tradición, me parece muy significativa, pues la reverencia tiene el significado de entregarse, de renunciar a las ideas dualistas: cuando todo existe dentro de nuestra mente se desvanecen todas las relaciones dualistas, no hay distinción entre el cielo y la tierra, el hombre y la mujer, el maestro y el alumno. En nuestra gran mente todo tiene el mismo valor, todo es el mismo Buda. En la práctica se debe aceptar todo tal como es y sentir por cada cosa el mismo respeto que se siente por Buda. Uno se inclina ante uno mismo = esta es la verdadera reverencia. Quien es simplemente “uno mismo” se inclina ante sí mismo en el verdadero sentido, y es uno con todo. La inclinación en reverencia, agrega el maestro, contribuye a eliminar las ideas centradas en el propio ser, lo cual no es muy fácil. Cada inclinación simboliza uno de los cuatro votos budistas: 1) Aunque los seres sensibles sean innumerables, HACEMOS VOTO DE SALVARLOS; 2) Aunque nuestros malos deseos son incontables, HACEMOS VOTO DE SUPRIMIRLOS; 3) Aunque la enseñanza no tiene límites, HACEMOS VOTO DE ABARCARLA TODA; 4) Aunque el Budismo es inalcanzable, HACEMOS VOTO DE LOGRARLO. Debemos intentarlo: eso es Budismo! afirma el maestro Susuki. Aunque se trate de algo imposible, debemos intentarlo, pues no es cuestión de que sea posible o no lo sea. SI LA SUPRESIÓN DE LAS IDEAS CENTRADAS EN EL PROPIO SER ES NUESTRO DESEO MÁS ÍNTIMO, DEBEMOS CONSEGUIRLA.

Alegremente, para todos aquellos que estamos comenzando en la práctica el maestro Susuki nos advierte que no es posible hacer progresos rápidos y extraordinarios, por mucho que nos esforcemos todo progreso en la práctica viene poco a poco. No hay que preocuparse porque el progreso sea lento.