TALLER 17 DE DICIEMBRE DE 2016:«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

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«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

Aproximación desde la práctica del silencio al cuerpo humano como ‘anclaje’ de una espiritualidad contemplativa.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

silenciotransformante@gmail.com

teandrico.wordpress.com

 LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

 FECHA: SÁBADO 17 DE DICIEMBRE DE 2016.

 HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

 EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 40 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

EN EL ARCHIVO ADJUNTO PUEDEN ENCONTRAR EL DISEÑO DEL PROGRAMA DEL TALLER.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

«Lo que la ciencia no sabe».

Más allá de nuestros «automatismos egoicos»

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

¿El por qué de una espiritualidad contemplativa transformante?

El silencio como respuesta neurocientífica al fenómeno humano.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

 ¿Cuál es nuestra verdadera casa?

Consciencia plena.

Comprensión clara.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

El cuerpo como refugio del «dejar ir desde el silencio».

Las emociones y la verdadera naturaleza de la realidad.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

 TERCERA PARTE

 «Sentarse sin esperar nada a cambio».

El progreso en la ‘ecuanimidad interior’ y la ‘consciencia plena’

La actitud justa de la consciencia.

Praktiké y vida cotidiana

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

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«EL AMABLE DESARME DEL YO» 1ra PARTE

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De la posibilidad de una vida espiritual postmoderna

Escrito por Leandro Posadas.

     El escritor coreano-alemán Byung-Chul Han[1], afirma al inicio de su breve, pero brillante obra La sociedad del cansancio, que toda época a lo largo de la historia humana ha tenido sus enfermedades emblemáticas, y al igual que los tiempos pasados, nuestra sociedad también tiene una pandemia que ha infectado a cada uno de los humanos del siglo XXI. El autor la llama la violencia neuronal, -que da lugar a infartos psíquicos-, la cual a diferencia de la época bacterial que descubrió los antibióticos, aún no ha descubierto su «antídoto». La bipolaridad, la depresión, el trastorno por déficit de atención (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP), el síndrome de desgaste ocupacional (SDO); y la angustia, según Han, definen el panorama patológico de comienzos de este siglo[2]. Tales perturbaciones son provocadas por el exceso de positividad, de una especie de violencia de positividad que resulta de la super-producción, del super-rendimiento, y la super-comunicación sistemáticas como aspectos inmanentes de la violencia sistémica que ha creado una sociedad en función del rendimiento, cuyo lema es: «Yes, we can!», como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardo-moderna. Para el sistema de rendimiento la positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del imperativo del deber[3]. Ante una sociedad donde nada es imposible el sujeto de rendimiento se encuentra en una guerra consigo mismo, y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada, desprotegido frente al exceso de positividad, de estímulos, de información e impulsos, lo cual modifica, según nuestro autor, la estructura y economía de la atención, dando lugar a una percepción de la realidad fragmentada y dispersa[4].

     En vez de una atención profunda y contemplativa ante la realidad que surge a cada momento a nuestro entorno y en nosotros mismos, -y que origina el recogimiento para lograr el pacífico desprendimiento-, nos vemos obligados a una desenfrenada y neurótica hiperatención frente al exceso de información y agitación.

     Llama la atención que este autor en su obra recurra a nociones como contemplación, espiritualidad, para hacer ver la aceleración neurótica en la que vive el hombre contemporáneo. Para él, aprender a mirar constituye la primera enseñanza preliminar para la espiritualidad[5]. Y a diferencia de esta primera enseñanza, reaccionar sin observar -sin discernir-, reaccionar inmediatamente a cada impulso, es siguiendo a Nietzsche, en sí ya una enfermedad, un declive, un síntoma de agotamiento. La espiritualidad en lugar de exponer la mirada a merced de los impulsos externos, la guía con soberanía.

     La hiperactividad lleva al ser humano a una hiperpasividad: estado en el cual uno sigue sin oponer resistencia cualquier impulso e instinto. Los hiperactivos ruedan como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica, incapaz de detenerse. Paradójicamente, afirma Han, es por la misma capacidad de no percibir (-no estamos totalmente expuestos a todos los impulsos e instintos atosigantes-), que existe la posibilidad de una «espiritualidad»[6]. Refiriéndose a una espiritualidad como la propuesta por el Budismo Zen, en la cual se propone la «negatividad del no» como rasgo característico de la contemplación, y fundamento para alcanzar un punto de soberanía en sí mismo, frente a la positividad del mundo actual. Y para nosotros referida esta «negatividad del no», a todas aquellas tradiciones, orientales y occidentales, que logran intuir sabia y pedagógicamente la naturaleza de lo que nosotros llamamos yo e identidad.

     En la última parte de su obra titulada propiamente La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han afirma con Maurice Blanchot que el cansancio tiene un gran corazón. Para Byung-Chul Han la sociedad del rendimiento como sociedad hiperatenta e hiperactiva está convirtiéndose en una sociedad de dopaje que permite mayor rendimiento y mayor funcionamiento sin alteraciones, y a diferencia de un cansancio curativo y revitalizante, la sociedad de rendimiento produce un cansancio a solas que aísla y divide, y que genera la incapacidad de mirar contemplativamente, pues todo es visto desde la supremacía del yo. El «cansancio fundamental» es para Byung-Chul Han una facultad especial que inspira y deja que el espíritu surja, pues se deja ir todo aquello que es siempre considerado producto, ganancia, eficiencia, mercadeo, utilidad. Es un cansancio despierto que permite el acceso a una atención totalmente diferente, de formas lentas y duraderas que se sustraen de la rápida y breve hiperatención, y que al final afloja la atadura de la identidad[7].

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[1] Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, 2012, p. 6.

[2] Cf. Ibid., p. 8.

[3] Cf. Ibid., p. 17.

[4] Cf. Ibid., 21.

[5] Cf. Ibid., 33.

[6] Cf., Ibid., 37.

[7] Cf. Ibid., 47.

REFUGIO: «El nido de las golondrinas»

refugio

REFUGIO

«El nido de las golondrinas»

Por Daniel Ríos

     Vuelven las nubes tristes a mi «Pueblo»[1], llorando como cataratas insaciables y soplando con afanoso frío nuestras casas. El cielo ruge y se estremece mi hogar, pues ya no es seguro. Desde la ventana observo mi alma que como un pájaro vuela fuera de mis ojos hacia las oscuras cuevas, y asustada, espera que la tormenta no la sople hacia el olvido. Mil «golondrinas»[2] salen gorjeando de las tempestuosas nubes buscando refugio, vienen hacia mí agitando sus pavoridas alas y han entrado a través de mis ojos a sus nidos. Mil pequeñas golondrinas esperan en mi interior que pase la tormenta.

     Se estremece mi cuerpo y cesa el gorjeo, abro mis ojos y la tormenta se ha llevado todo, sólo ha quedado mi alma arruinada dando tumbos, pues su refugio en el mundo ha quedado devastado. Se han salvado sólo las golondrinas, pues dentro de mí han encontrado el camino hacia sus nidos.

LECTURA: la tormenta representa una psikhé perturbada; una mente desordenada; un estado mismo de la mente que como fenómeno amenaza con destruir nuestra casa interior[3]. El alma asustada huye de sí misma y sale corriendo a refugiarse en el mundo porque en la mente sólo hay tormenta, confusión y tempestad. Las golondrinas, símbolo de la aceptación de la ley de la naturaleza, sabiamente cambiante, estacionaria y migratoria, ven el alma salir de su nido, y aprovechan la oportunidad para ellas entrar, pues saben que allí encontrarán el refugio necesario para permanecer mientras pasa la tormenta. Ellas se han salvado de tan furiosa borrasca, mientras el ser humano, alienado de sí mismo, sigue buscando refugio en el mundo: dinero, placer; emociones descontroladas y pensamientos interminables producidos por el afán de poseer; concepciones sobre sí mismo; opiniones sobre el mundo; casas, seguros, ‘amor’, etc.

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[1] Razón, lógica, preocupaciones, condicionamientos que nos limitan y nos mantienen estáticos.

[2] Para los ritos estacionales antiguos chinos las golondrinas representaban la metamorfosis de la vida misma. Son además símbolo de la renuncia, de la soledad, de la separación, y por su misma condición de ave migratoria es llamada ave del paraíso. «En la antigua China se hacía incluso corresponder la llegada de la partida de las golondrinas con la fecha exacta de los equinoccios, y el día del retorno de las golondrinas (equinoccio de primavera), era ocasión de los ritos de fecundidad»: Chevalier J., / Gheerbrant A., Diccionario de los Símbolos, Herder, Barcelona 1988, pp. 534-535.

[3] Los maestros de todas las tradiciones espirituales sabias y profundas consideran que un estado descontrolado de la mente es el mayor sufrimiento. No adiestrar la mente hacia la ecuanimidad con la realidad es vivir en un continuo flujo de consciencia lleno de desdicha e ilusión.

NUESTRO CUERPO: «REFUGIO DEL DEJAR IR DESDE EL SILENCIO»

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Por Leandro Posadas

«Guárdame,

dentro de la palma de tus manos.

Afuera, camina el miedo».

Memoria por Beatriz G. Cardona.

     En una reciente entrevista el biogerontólogo británico Aubrey de Grey[1], afirmó que es posible no morir por causa del envejecimiento a través de la restauración de la estructura del cuerpo: «el cuerpo humano es una maquina, pero muy compleja; arreglarlo es un proceso complejo pero no imposible». Para él, como científico, el envejecimiento «es un problema degenerativo causado por varios tipos de daños moleculares y celulares que se acumulan: las mutaciones nucleares causantes del cáncer, las mutaciones mitocondriales, la acumulación de desechos intercelulares y extracelulares, la pérdida irreversible de células, el envejecimiento celular y la proliferación de interconexiones entre células de algunos tejidos». Para Aubrey de Grey, abordar tal proceso degenerativo desde el punto de vista de la ingeniería, y utilizando la biología marcará una gran diferencia en la forma en que la ciencia trata de acercarse al fenómeno de la vejez.

     El Dr. Aubrey de Grey, académico de Cambridge, investiga la posibilidad de la recuperación de los tejidos, por medio de estrategias de bioingeniería para reparar los daños causados por el envejecimiento, y es director de la Fundación para la Investigación de la Senescencia Negligible Ingenierizada (SENS), la cual, según la presentación en su web page, se especializa en la investigación de medicina regenerativa y en la aplicación de la misma en las enfermedades producidas por el declive temporal del cuerpo. Dicha fundación afirma: «We believe that a world free of age-related disease is possible… Our goal is to help build the industry that will cure the diseases of aging». («Nosotros creemos que un mundo libre de las enfermedades relacionadas con la edad es posible… Nuestra meta es ayudar a construir una industria que curará las enfermedades del envejecimiento»).

     Ante la pregunta del por qué la gente muchas veces en el aspecto psicológico-emocional está cansada de vivir, el Dr. Aubrey responde: «Una de las razones es que no invertimos lo suficiente en educación, no le damos a la gente las suficientes habilidades para sacar lo máximo de estar vivos…»

     Las tradiciones espirituales han dedicado siglos al estudio minucioso y delicado de crear «habilidades» para sacar lo máximo de la profundidad de ser seres humanos. Dichas tradiciones siempre han considerado que ser un cuerpo y desde un cuerpo es una enseñanza muy profunda. Ser plenamente conscientes, aquí y ahora, de que dependemos de tantas condiciones para estar vivos desde un cuerpo es tener la posibilidad de crear un espacio sabio, sereno, y atento en nosotros mismos. Tal vez desde dicho espacio no ganaremos más tiempo para respirar unos años más, pero sí crearemos condiciones de sabiduría y claridad para contemplar esta experiencia de ser y estar en el mundo desde un cuerpo y una mente humana. Tal espacio nos permitirá apreciar en su totalidad el cambio permanente de la experiencia, juventud, amor, tristeza, placer, dolor, enfermedad, alegría, muerte, sin temor ni represión.

     En una profunda y a la vez hermosa conferencia titulada «La Nostra vera casa»[2] el venerable Ajahn Chah se dirigía a una mujer moribunda para hablarle sobre su cuerpo. Trataba de acompañarla en su práctica espiritual desde verdades muy profundas acerca de la naturaleza misma de ser/tener un cuerpo. Otro maestro theravada, Ajahn Sumedho, discípulo de Ajahn Chah, en una conferencia que cité en la entrada anterior «È sempre possibile ricominciare»[3] relata un fragmento de su infancia cuando en los años 50 veía un film sobre una mujer que iba a morir en la silla eléctrica. El título del film era I want to live! y su protagonista era Susan Hayward. La actriz en una escena de dicho film grita con desesperación ¡No quiero morir! y dicho grito para él permaneció como una impresión indeleble en su mente. Diez años después en su estadía en Tailandia, Ajahn Sumedho, experimentó una experiencia terrible en su cuerpo que casi lo lleva a la muerte. En dicha situación recordaba el grito de Susan Hayward ¡No quiero morir! Pero ya en aquella época, como él narra, se había establecido en él una visión correcta del presente acerca de su cuerpo y de sus emociones. Era plenamente consciente que la tendencia de las emociones es aquella de impedirnos ver las cosas tal cual son, pues las mismas tienen el poder de ser muy convincentes y nos hacen sentir que son reales y muy importantes. Las emociones como objetos mentales (que surgen y desaparecen, pues su naturaleza es el cambio y la impermanencia), repite Ajahn Sumedho, son potentes como una película melodramática, desde que surgen en el cuerpo/mente se manifiestan con apariencia de ser avasalladoramente reales y verdaderas. «Fue difícil», comenta, pero él confió en el refugio que había cultivado en sí mismo y desde el que se conoce la naturaleza cambiante de las emociones que se manifiestan muchas veces en nosotros de modo patético, sollozante y confuso. Desde allí las encontró vacías y sin consistencia, incluso «si tenían toda la fuerza de la voz de Susan Hayward. Sólo una actriz, nada más».

     En nuestra vida humana, sujeta a ser emociones y desde las emociones, por el hecho mismo de poseer un cuerpo que percibe con cada centímetro de la existencia, adquirir un conocimiento sabio y atento sobre las emociones (atención plena; mindfulness; presencia consciente; metanoia; emancipación), es realmente muy importante, sostiene Ajahn Sumedho, pues desde tal forma de contemplación de la realidad dejaremos de ser tan vulnerables; «dejaremos de ser inconscientemente seducidos por nuestras emociones y las de los demás seres humanos que habitan con nosotros; dejaremos de ser pasivamente sacudidos por las bofetadas cotidianas, los mensajes urgentes, los frenesíes y la agresividad de cada cosa y situación». Para estos maestros, el mundo desde la mente de los que no observan sabiamente, se presenta como una masa de intimidaciones, ‘urgencias’, ‘situaciones muy importantes’, profecías terribles, destructivas, desconcertantes, toda una serie de mensajes del pasado y de cosas apocalípticas, las cuales como creaciones de nuestra propia mente, fácilmente, nos pueden aprisionar, a través de la ansiedad, del miedo, y de la inseguridad, haciéndonos sentir amenazados.

     Ajahn Chah, en su conferencia a aquella mujer moribunda, nos indica: «esta masa de carne que yace aquí consumiéndose es la realidad». Esta masa de nervios, huesos, carne, articulaciones, emociones, pensamientos, reacciones, es la realidad. Y el modo justo y sabio de relacionarnos con ella es contemplándola en su naturaleza cambiante. ¿Cómo relacionarnos con la vicisitudes y aventuras del cuerpo, entendidas como sensaciones, percepciones, emociones, pensamientos, reacciones? Observándolas con sabiduría desde la experiencia directa de la verdad, de las cosas tal cual son.

     Hemos vivido muchos años con este cuerpo y desde este cuerpo; hemos sido, y somos este cuerpo. Los maestros nos invitan a observar cómo desde el momento de nuestro nacimiento estamos sujetos a cambios continuos: mostramos en nosotros los signos del uso, como la ropa nueva que una vez compramos y que hoy ha cambiado de forma y color. Muchos de nuestros dientes han sido ‘reparados’, algunos de nuestros huesos no son tan fuertes como cuando éramos jóvenes. Nuestra piel no tiene la apariencia de aquellos años… ¡Esta es nuestra naturaleza! Contemplemos, desde el silencio, esta verdad con claridad, sin engancharnos a lo que una vez fue, y sin odiar lo que hoy es. Contemplemos, exploremos, inspeccionemos cada emoción, cada pensamiento, cada sensación con sabiduría, dejando que sean tal cual son: dejando que surjan, se manifiesten y cesen.

     Ajahn Chah le dice a la mujer moribunda «no hay nada malo en tu cuerpo doliente… El sufrimiento no deriva del cuerpo, sino de un modo erróneo de pensar sobre él». Si nos enganchamos a esto que llamamos «mi» cuerpo, «mis» emociones, «mis» pensamientos, «mis» concepciones, sufriremos. Contemplar nuestros enganchamientos desde el silencio es tomar refugio en el dejar ir.

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[1] Entrevista publicada en El País titulada «Hay que ver por qué la gente se cansa de vivir»: http://elpais.com/elpais/2016/10/13/ciencia/1476353983_661713.html.

[2] Del venerabile Ajahn Chah. Ass. Santacittarama, 2007. Tutti i diritti sono riservati. Dal libro “Il Dhamma vivo”. Traduzione di Letizia Baglioni. Estratto del libro Il Dhamma vivo, su gentile concessione dell’Editore Ubaldini. Traducción del italiano de algunos pasajes al español por Leandro Posadas: http://santacittarama.altervista.org/vera_casa.htm.

[3] Del venerabile Ajahn Sumedho. Ass. Santacittarama, 20014. Tutti i diritti sono riservati. Traduzione di Carlo Duncan. Pubblicato per la prima volta in inglese Novembre 1995 nel Buddhism Now. Traducción del italiano de algunos pasajes al español por Leandro Posadas: http://santacittarama.altervista.org/sempre_ricominciare.htm.

 

«SOMOS EL REFUGIO DESDE DONDE SIEMPRE PODEMOS VOLVER A EMPEZAR»

neocortex

Por Leandro Posadas

«…Grandes y sublimes,

destructoras y dominantes,

la dicha y la desdicha

invitadas y no invitadas,

irrumpen solemnemente

por entre los hombres estremecidos,

y a aquellos a los que visitan

los adornan y revisten

de gravedad y dedicación…»[1].

Dietrich Bonhoeffer, Dicha y desdicha.

     Dietrich Bonhoeffer, el pastor y teólogo luterano que fue encarcelado y asesinado en un campo de concentración nazi en 1945 en su obra Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio[2], se pregunta, al inicio de su obra: «¿Ha habido alguna vez en la historia personas que tuviesen tan poco terreno bajo los pies como ahora, y para quienes todas las alternativas posibles del presente aparecieran igualmente insoportables, contrarias a la vida y carentes de sentido?… ¿Quién se mantiene firme?»[3], Ciertamente, las preguntas de Bonhoeffer están enmarcadas en un contexto preciso, el de la II Guerra Mundial y la experiencia de los campos de exterminio, pero a veces nuestras vidas pueden volverse campos de exterminio, cámaras de gas, prisiones llenas de zozobra cargadas de emociones y pensamientos oprimentes ¿Quién se mantiene firme? Glosando a Bonhoeffer, en líneas sucesivas, afirma que existe una fuerza de la esperanza (en nosotros), para soportar los reveses; una fuerza que nunca entrega el futuro al enemigo; una fuerza que nos ayuda a mantener erguida la cabeza cuando los demás abandonan[4]. Y para culminar su Balance al cabo de diez años, Bonhoeffer exclama: «¡Ojalá que en este tiempo la amargura o la envidia no hayan devorado nuestro corazón, de tal manera que podamos ver con nuevos ojos la grandeza y la pequeñez, la felicidad y la desdicha, la fortaleza y la debilidad; de tal manera que nuestra mirada para lo grande, para lo humano, para el derecho y la compasión se haya hecho más clara, más libre, más limpia; más aún, para que el sufrimiento personal sea una valiosa clave, un principio fecundo para desvelar contemplativamente el mundo y verlo activamente como felicidad personal!… Y podamos hacer justicia a la vida en todas sus dimensiones, y afirmemos de este modo la vida»[5].

     Matthieu Ricard, un autor y maestro muy querido para nosotros, afirmó: «cualquiera que sea nuestra situación actual, siempre podemos evolucionar y cambiar». Y quisiera comentar esta afirmación desde una breve y cotidiana historia. Un buen amigo, lleno de nobleza y pasión por la vida y por ser mejor persona cada día, ha visto cómo su vida se torna incierta, muchas veces sin un dónde estar, sin un dónde asirse, sin un cómo seguir, pero siempre con un sentido natural del por qué seguir. Cuando Ricard afirma que «cualquiera que sea nuestra situación actual siempre podemos cambiar», estaba hablando desde un tipo de conocimiento del cual quiero hablar en este breve artículo: Un conocimiento no teórico, no conceptual, no psicologizante, no moralizante, no institucional, sino un conocimiento que surge de ver con claridad lo que realmente somos: no aprendido por los libros, por las redes sociales, o por especialistas de las ciencias humanas, sino nacido de la experiencia que surge desde la observación disciplinada, perseverante, decidida y ecuánime de una mente serena y sabia que contempla (examina-inspecciona-explora), la realidad de su mente y su cuerpo sin enganchamientos y sin rechazos.

     Los maestros espirituales siempre nos recuerdan que las circunstancias exteriores no nos determinan, no nos condicionan, y al mismo tiempo nos indican que ser ser humano es ser muy vulnerable: cualquier situación negativa puede dañarnos, puede afectarnos. Poseer neocorteza y ser consciente de poseerla es ser vulnerables. Poseer un cuerpo, ser un cuerpo es ser vulnerables. Ajahn Sumedho, un maestro budista theravada, en una conferencia titulada: «È sempre possibile ricominciare» nos habla de un conocimiento desde el cual siempre es posible volver a comenzar cuando la vida se vuelve insalubre, y cuando creemos que las circunstancias no son las más favorables. Sumedho dice que tal conocimiento «lo debemos establecer desde el presente de nuestro cuerpo/mente, y con la percepción de las cosas, las personas, y las situaciones tal como son, sin permitir que las memorias del pasado o las ansias del futuro corrompan, disturben e influencien el momento presente». Es importante destacar que tal conocimiento no viene simplemente de discurrir, por medio de teorías, la manera más práctica para evitar sufrir lo menos posible, sino que viene de un lugar especifico, un lugar despejado y plenamente atento: del silencio que transforma nuestra visión de la realidad, que convierte (metanoia) en posibilidad de sabiduría nuestra percepción acerca de nosotros mismos, de las cosas, de las personas, y de las circunstancias exteriores. Este amigo, que mencioné al comienzo, en medio de la incertidumbre, trata de volver cada vez más al refugio del silencio y me comenta que experimenta alegremente ese conocimiento que nos mantiene serenos y claros ante todo lo que muda y cambia a nuestro alrededor.

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[1] Bonhoeffer D., Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio. Sígueme, Salamanca 2008, p. 186.

[2] Bonhoeffer D., op. cit.

[3] Ibid., p. 14-16.

[4] Ibid., Cf., p. 28.

[5] Ibid., p. 30.